Cirugía del Mentón (MENTOPLASTIA)

Cirugía del Mentón (MENTOPLASTIA) es la cirugía que tiene como objeto corregir la forma, el tamaño o la posición del mentón, ya sea aumentándolo o reduciéndolo para conseguir la armonía facial.

Candidato

Los candidatos para la cirugía del Mentón (MENTOPLASTIA) son aquellos hombres o mujeres a partir de dieciocho años que tienen una barbilla demasiado retraída (hipomentonismo) o por el contrario excesivamente prominente (hipermentonismo), provocando un desequilibrio en el conjunto facial.

Preoperatorio

En la primera visita y a partir de un estudio clínico, el cirujano analizará la estructura ósea facial y muy especialmente la de la mandíbula y mentón, así como la maxila y la posición de los dientes. Paralelamente valorará el estado de la piel (elasticidad, turgencia y tejido graso).

Realizará una entrevista para determinar las necesidades del paciente candidatos para la cirugía del Mentón (MENTOPLASTIA) y asesorarle así, sobre la técnica más adecuada a aplicar, la prótesis más conveniente y los resultados que puede obtener.

Técnica Quirúrgica

La cirugía se realiza en un quirófano, generalmente con anestesia local más sedación y en algunos casos con anestesia general.

El procedimiento consiste en realizar por dentro de la boca, detrás del labio inferior, dos incisiones laterales para despegar los tejidos por encima del hueso del mentón y crear el bolsillo de un tamaño justo para colocar la prótesis (existen prótesis de diferentes materiales pero el más utilizado es el de silicona), finalmente se cierran las incisiones mediante puntos reabsorbibles.

Postoperatorio

Normalmente la mentoplastia no requiere internamiento hospitalario, salvo casos muy específicos.

Una vez finalizada la intervención el paciente puede regresar a su casa bajo medicación de antibióticos, antiinflamatorios y las indicaciones del especialista.

Durante los primeros días es normal sentir molestias, inflamación en la cara y dolor de cabeza que se palian con la medicación y el uso de compresas frías.

La incorporación a la vida cotidiana es relativamente rápida, en aproximadamente dos días, pero la recuperación total requiere un mínimo de dos semanas.

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