Dr Antonio Tapia Ahora es el momento

Acabamos de regresar de vacaciones. Hemos disfrutado del sol. ¿Habrá dejado alguna huella indeseable en nuestra piel? Toca hacer un chequeo. Aprende cómo.
En septiembre, tras pasar unos días al sol, debería ser un gesto habitual revisar el estado de nuestra piel. Pero ¿y en nuestra casa? Aquí tienes algunos consejos para evitar el cáncer de piel.

Primero, conoce tu riesgo

El cáncer de piel es más frecuente en los mayores de 50 años y en quienes se han expuesto de forma reiterada o intensa al sol. ¿Cómo puedes conocer tu riesgo? Piensa si reúnes estas características: tienes la piel clara o sufres quemaduras solares con facilidad; tu historial clínico es extenso en éstas desde la infancia; pasas muchas horas al sol; durante tus vacaciones te expones a él de forma intensa; eres asidua a la cabinas de bronceado; tienes más de 50 lunares; en tu familia se ha dado algún caso de cáncer de piel; has superado los 50 años; te has trasplantado algún órgano.

¿En qué debes fijarte?

Todos tenemos manchas en la piel. Aparecen por “luz acumulada” a lo largo de la vida, sobre todo a partir de los 35 o 40 años y se localizan en las zonas más expuestas al sol. Es decir, la cara, las manos y el escote en las mujeres. Revisa tu piel. Fíjate especialmente si tus manchas, lunares o pecas han cambiado de tamaño, color o forma: son diferentes del resto; asimétricos: tienen un tacto áspero o varios colores; son mayores de 5 mm; si te pican; tienen una superficie brillante; y parecen una herida pero no cicatrizan.

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Este tipo de lesiones se acentúan con la exposición solar y es después del verano cuando aparecen o cambian su color o tamaño. Debemos revisar si una mancha es:
Asimétrica
Bordes irregulares
Color
Diámetro (supera los 6mm)
Evolución

¿Qué zonas hay que observar?

Aunque es habitual que los cambios en las manchas, lunares y pecas aparezcan en las zonas más visibles, no siempre es así. Por eso, hay que revisar todo el cuerpo, por detrás y por delante, preferiblemente delante de un espejo. Fíjate en la cara, la nariz, los labios, la boca y las orejas (también por detrás de éstas); el cuero cabelludo (usa un peine para separar el pelo); las manos, las palmas, el dorso y entre los dedos: levanta el brazo para examinar su parte interna y la axila; a continuación el cuello, el pecho (también entre los senos y por debajo) y la parte superior del cuerpo; usa un pequeño espejo para examinar la nuca y la espalda: revisa los glúteos y la parte posterior de las piernas y luego las plantas de los pies y los espacios entre los dedos.

Tratamientos eficaces

Existen varios métodos para tratar estos problemas. Para las manchas solares recientes se realiza un peeling con ácido glicólico, que es decolorante (3-4 sesiones). Para la queratosis actínica, lesión precancerosa, una sesión de laser que evapora cualquier célula dañada y estimula la producción de colágeno y elastina. Frente a la queratosis seborreica, que presenta lesiones con relieve pigmentadas, la electrocauterización; es decir se quema superficialmente la piel, que se regenera al cabo de una semana. Para los melanomas o cloasmas y las manchas en zonas expuestas al sol, se aplican diferentes ácidos como el glicólico, salicílico o kójico, en función del tipo de piel y sus necesidades.


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